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SALUD EN LA MESA
12/23/2008 12:42:00 PM, tiene 0 comentarios
Una alimentación equilibrada debe incluir todos los nutrientes que existen en los alimentos, según las cantidades que requiere cada persona, y de acuerdo a su edad, género y actividad física, con la idea de preservar la salud e impedir que se instalen las enfermedades.

Los factores económicos, los hábitos alimentarios y las creencias religiosas condicionan la buena o mala alimentación. Muchos compran alimentos innecesarios o bajos en nutrientes, por la influencia publicitaria. Algunos no cuentan con los recursos necesarios para adquirir los productos más saludables. Otros, fieles a sus credos, eliminan alimentos imprescindibles de la dieta. La buena nutrición, con el fin de preservar la salud, debe comenzar en casa, desde muy temprana edad. Después de ingerir los alimentos, el ser vivo utiliza, transforma e incorpora nutrientes a su organismo, con el objeto de obtener energía, construir y reparar los elementos orgánicos, y regular los procesos metabólicos. Para poner en práctica una alimentación balanceada se deben ingerir diariamente entre 55 y 60 % de carbohidratos, entre 10 y 15 % de proteínas y al menos un 30% de grasas.

Los carbohidratos aportan la energía que el cuerpo necesita y participan en la combustión de las grasas, ayudándolo a economizar proteínas, necesarias para el desarrollo de la flora bacteriana, la síntesis de las vitaminas del complejo B y la producción del acido fólico. Los tejidos dependen de ellos de manera diferente. El sistema nervioso central es, quizás, el que presenta una mayor dependencia, dado que la glucosa es su principal fuente principal de energía. La avena, el pan, el maíz, la pasta, el arroz, los granos, los tubérculos, el azúcar y las frutas contienen grandes cantidades de carbohidratos.

Las proteínas forman parte de los tejidos. Ayudan, bajo la acción del cerebro, a defender al organismo de las enfermedades. Están formadas por aminoácidos. Existen dos tipos: los que pueden sintetizar en el organismo y los “esenciales”, que no se pueden o se hacen a baja velocidad y deben ser suministrados en las comidas. Se localizan en las carnes blancas y rojas, en leche y sus derivados, en algunos granos como la soya, las lentejas y los garbanzos. Las caraotas también las contienen pero en menor cantidad.

Las grasas, por su parte, se encuentran en alimentos de origen vegetal y animal. Suministran energía, trasportan las vitaminas liposolubles y aportan los ácidos grasos no saturados, vitales para las membranas celulares y en las funciones nerviosas, hormonales y funcionales. Las grasas saturadas y el colesterol deben limitarse por la acción dañina al organismo (mantequilla, margarina, quesos curados).

En contraposición, las grasas insaturadas tienen una acción protectora y saludable. Entre ellas se encuentran el aceite de oliva, el aceite de canola y el aguacate. Existen grasas insaturadas que contienen los conocidos Omega 3 y 6, como las sardinas, el salmón, la caballa, el bacalao y la carne de conejo.

Ingerir agua es fundamental para tener una buena alimentación. Participa en la excreción de los residuos tóxicos y evita la deshidratación de las células, previniendo el deterioro de ellas y su buen funcionamiento. Para finalizar hay que comenzar por el principio de la nutrición: la alimentación materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida. Los beneficios de la lactancia son determinantes para un buen desarrollo y óptimo estado de salud, además de estrechar los lazos de amor entre la madre y el niño. Y siempre hay que recordar que en la salud se invierte, no se gasta!.

Sugerencias para una buena alimentación

• No se deje engañar por la publicidad
• Lea las etiquetas de los empaques y analícelos
• Ingiera agua con frecuencia. Tener sed ya es un signo de deshidratación.
• Consuma diariamente vegetales de todos los colores (rojos, amarillos, verdes, morados). Contienen sustancias antioxidantes que eliminan los radicales libres y previenen las enfermedades.
• Las dietas “mágicas” que le ofrecen adelgazar dos kilos por semana, sólo le aseguran que pasará hambre, se sentirá decaído y volverá a engordar hasta el doble de lo que rebajó.
• Los productos con altas cantidades de proteínas son atajos peligrosos para adelgazar.
• Acuda a un nutricionista certificado por el gremio que los agrupa. Sólo un especialista en la materia le ayudará a cambiar sus hábitos alimentarios, disminuir de peso y mejor aún ¡mantenerlo!

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